• Omar Guajardo

Una página al pasado "LAS VIUDITAS" Por: Omar Guajardo


Basado en un relato del libro Grafico del año de 1900.

Por: Omar Guajardo


En la imagen, una bella y joven Viudita con su vestido y sombrero de Luto como debía de ser en el año de 1904.


Sin ánimo de generalizar porque hubo muchísimas damas que si sintieron verdaderamente el dolor por la pérdida de sus cónyuges y contrajeron matrimonio voluntariamente aunque hubiera una diferencia abismal en las edades y aceptaban con gusto guardar el luto por el dolor que les causaba tan sensible pérdida pero también es justo reconocer de que la mayoría de las veces la ahora viuda había sido obligada y sacrificada por sus padres a contraer matrimonio con alguien mucho mayor de edad o con algún pariente ya anciano y con mucha plata ó como resultado de tratos, convenios y conveniencias o por emparejar situaciones de negocios etc.


Sin tomar nunca en cuenta en su sentir a la joven casadera la que para acrecentar su infortunio luego de llevar una vida “de Infierno” a la muerte del anciano ó del indeseado cónyuge, esta, tenía que padecer por varios años el suplicio que las normas y las rígidas reglas y costumbres sociales le imponían como lo fue el llamado “El luto”. ¿Cuantos años tenía que esperar una Viuda para poder cambiar el color negro de su vestimenta, la que sin temor a equivocarnos hasta sus prendas intimas, crinolinas, sombreros y demás debían ser de color negro?. Pero no solo eso por lo menos durante cuatro a cinco años debía llevar una vida de recogimiento, casi conventual, alejada de fiestas, paseos, reuniones y de todo bullicio debiendo también de aparentar un dolor que como en estos casos estaba lejos de sentir permitiéndosele únicamente cumplir con los compromisos de índole familiar y religioso apartándose de todo lo mundano y de todo aquello que representara una tentación y que pudiera orillarla a cometer cualquier tipo de “pecadillo” aunque estos fueran solo de pensamiento y todo esto tenía que ser cumplido bajo el ojo fiscalizador primero de sus Madres y después por quienes conformaban a la liga de la decencia la que promulgo reglas y lineamientos tan absurdos como ridículos por muchísimos años, siendo además cuidadores rígidos e inflexibles de que la buena moral imperara “sobre todo y por todo” y de los señores y las señoras mayores “metiches” que se regían también bajo los preceptos de la Moral y las buenas costumbres los que criticaban y vapuleaban “las honras” de muchas damas viudas y no viudas de aquellos ayeres.

Las Viuditas sobre todo las más jóvenes representaban "un Manjar" para los jóvenes y los hombres más atrevidos...no solo en lo físico, sino en lo monetario pues como habían sido las esposas de “viejillos” ricos y acaudalados el tesoro a conseguir era doblemente jugoso. Cuantas apuestas lanzadas en la mesa de algún café o de algún bar se hicieron en torno a conseguir los favores amorosos de aquellas mujeres obligadas por la sociedad y las costumbres a guardar recato absoluto. Las puertas de las ventanas de las lóbregas y hasta entonces sombrías alcobas de las mujeres que habían perdido a sus casi siempre decrépitos y ancianos maridos…se abrieron sin remedio alguna noche…luego de que la Viuda y esto lo decimos sin ánimo de generalizar, asentía y sucumbía a los requerimientos de aquel galán casi siempre joven y no mal parecido, tal vez por venganza, por gusto o porque estaba cansada de guardar las apariencias, y para que de una vez terminaran de hacer añicos “trapearan” con su honra… estas ventanas que separaban el frio nocturnal de la calle del calor que producían las mullidas sabanas y Almohadones y finas cobijas de las alcobas aún inmaculadas, se abrían mediante una señal convenida la que podía ser un número determinado de chiflidos, la imitación de cierto número de ladridos de un perro o los maullidos de un gato, el aventar cierto número de piedritas a los cristales, la imitación de algún pregón etc.


Una vez que aquel que traspasaría el umbral de la decencia de la casa de la Viudita se hubiera cerciorado una y otra vez que todos los fisgones y metiches ya se habían a dormir... y no crea usted que esto acontecía en las madrugadas...¡no mis amigos!...esto acontecía por tarde a las diez de la noche pues hay que recordar que Morelia en esos años alcanzaba la calma casi total como a las 8 de la noche en que ni un alma circulaba ya por las añosas calles de la Ciudad, estos cuartos eran el mejor lugar de los encuentros amorosos con los ganadores de aquellas apuestas lanzadas en las mesas de los cafés de algunos bares del centro, ocultos desde luego bajo un gran sombrero de copa o por alguna capa dragona que no permitía que el rostro del perpetrador fuese visible el sigilo y el amparo de la noche eran cómplices de todo aquello pues estaban en juego la honra y la descendía de aquellas damas vestidas de negro, virtudes estas que debían permanecer "inmaculadas" a los ojos de los moralizadores que también tenían sus "Que veres" guardados muy en el fondo de las sus manchadas conciencias y de las rígidas costumbres que inventaban, pregonaban y cuidaban en su rígido e inflexible cumplimiento los de las ligas de la decencia y de la Moral costumbres y normas que les fueron impuestas y tuvieron que ser acogidas de manera obligatoria por las viudas de varias generaciones.